El Secreto que no Sabes Sobre el Sarampion en los Niños

Descubra ya sobre el sarampion en los niños. ¿Qué debemos hacer?
Alerta! Sarampion en los niños. ¿Qué debemos hacer?

Seguramente lo ha escuchado en las noticias: cada vez más y más gente se enferma de sarampion y parece que las autoridades están levantando alarmas por determinados casos de sarampion en los niños. ¿Pero qué está pasando?

Actualmente hay más de 800 casos de sarampion registrados en todo América. En américa latina, los países de Brasil y Venezuela lideran con más casos y muchos ya empezaron a apuntar a la pobres políticas de vacunación. Las grandes organizaciones de salud empezaron a dar pautas a seguir para evitar el sarampion en los niños. Pero la realidad es que hay problemas mucho más profundos, propios de la sociedad globalizada de hoy día.

¿Qué es el sarampion?

El sarampion es una enfermedad infecciosa que produce eprupciones en la piel color rojo de extensidad variable, y que puede ir acompañada de fiebre. Se parece mucho a la rubeola o varicela, y es provocada por un virus, en particular de la familia paramyxoviridae, género Morbillivirus. Un caso más grave es el sarampion en los niños, que lleva a una profunda debilidad en los recién nacidos, con complicaciones en pulmones y cerebro que pueden amenzar la vida del infante.

(Tal vez le interese: ¿Qué produce la fatiga?)

Causas del sarampion en los niños

Los humanos son los únicos que pueden contagiarse del virus del sarampion, un virus muy pequeño (más pequeño que una bacteria) que contiene una sóla cadena de ARN. Como antes se mencionó, es miembro de la familia de los paramixovirus (género Morbillivirus).

El sarampion en los niños se suele dar entre los 2 a 6 años de edad. Es una enfermedad muy contagiosa y hay que saber tomar precauciones.

El contagio del virus del sarampion se da por dos medios: contacto físico directo o por gotitas infectadas de alguien que tose y está enfermo con el virus. Un dato importante en cuanto a la infectividad es que aquel individuo que se enferma puede permanece como agente contagioso de tres a cinco días antes de la aparición de las erupciones rojas y hasta cuatro días después.

Cuándo recurrir al médico

Debe prestarse atención ante la aparición de fiebre, conjuntivitis, tos y erupción generalizada de la piel.

– Existe una primer etapa donde el virus se incuba en el huésped y no produce síntomas. Mientras se reproduce y se traslada a su objetivo dentro del cuerpo. Esta incubación puede durar aproximadamente entre 4-12 días (sin sintomatología).

– La primera expresión de la enfermedad suele ser la aparición de fiebre no muy alta, como un cuadro de catarro. Puede estar acompañado de tos seca, y enrojecimiento de los ojos. El sarampion en los niños recién nacidos suele ser más feroz, generando directamente fiebre alta.

– En los siguientes días la fiebre pasa a ser más alta. Por lo menos por unos tres días, se presenta tos, coriza (nariz moqueante) y conjuntivitis (ojos rojos). La fiebre puede alcanzar los 40 °C. Si una persona padece temperatura de más de 38°C y erupción de la piel, debe consultar con un médico.

Al pasar los 4 días, aparecen las manchitas rojizas, primero en el rostro, y luego en todo el cuerpo. Esto es simplemente signo de que el cuerpo se está defendiendo. Suele acompañarse por dolor de garganta y problemas para deglutir.

– Pasados otros 3 o 4 días, la tos se vuelve menos seca y las erupciones van desapareciendo; a los ocho-diez días el paciente se cura.

La vacunación previene el sarampion

La vacuna triple viral se fabrica a partir de una mezcla de tres componentes virales atenuados. Por medio de una inyección se logra inmunizar (volver resistente) a la población contra el sarampion, las paperas y la rubéola.

En la mayoría de los casos se administra gratuitamente, por medio de una inyección a través de dependencias de salud públicas.

Las dosis se deben administrar en períodos concretos del crecimiento de los niños. Para evitar asi la aparición del sarampion en los niños, se debe dar la generación de anticuerpos que los protegerán contra una futura infección. El esquema se organiza de la siguiente manera:

  • De 12 meses a 4 años: deben acreditar una dosis de vacuna triple viral (sarampion-rubéola-paperas). En la mayoría de los países la vacuna se administra a partir de los 6 meses para cubrir más a los bebés.
  • Mayores de 5-6 años: deben acreditar dos dosis de vacuna con doble o triple viral después del primer año de vida
  • Las personas nacidas antes de 1965 no necesitan vacunarse porque son considerados inmunes
  • Los bebés menores a 6 meses no pueden ser vacunados. Esto es muy importante a la hora de tener en cuenta quiénes son los grupos de riesgo.

Diagnóstico del sarampion

El diagnóstico del sarampion por el médico se realiza si el paciente tiene fiebre de por lo menos tres días consecutivos con al menos algún otro síntoma.

Si el médico observa las “manchas de Koplik” también se considera un diagnóstico de sarampion. Estas “manchas de Koplik” son pequeños puntos color blanco que aparecen en el interior de las mejillas en las primeras fases de esta enfermedad.

Por otro lado, el diagnóstico del sarampion por medio del laboratorio bioquímico se puede hacer mediante la confirmación de anticuerpos contra el IgM del sarampion, o la obtención del RNA del virus del sarampion desde muestras respiratorias. En caso de una confirmación serológica, muchos inmunoensayos buscan la detección de anticuerpos IgG como una prueba más para llegar al diagnóstico.

Es importante considerar que para diagnosticar el sarampion en los niños, las pruebas bioquímicas se difucultan por lo complicado que se vuelve la toma de muestras. Igualmente no es algo imposible, y se considera una muy útil herramienta durante las epidemias.

La exposicion y el contacto directo con personas enfermas con sarampion ya diagnosticado, aumenta la evidencia epidemiológica del diagnóstico.

Siempre es importante realizar un diagnóstico diferencial con otras enfermedades exantemáticas como rubeola, exantema súbito o escarlatina.

Tratamiento

Lamentablemente no existe tratamiento hoy en día que permita combatir la enfermedad. Esto significa un mayor problema cuanto más pequeño es el niño enfermo. Es así que los recién nacidos, que no pueden ser vacunados son los más propensos a sufrir complicaciones.

Aunque no hay tratamientos anti-virales disponibles, lo que se busca es reducir los síntomas y que el transcurso de la enfermedad sea lo más inocua posible.

Previniendo el contagio

La única forma concreta de evitar el contagio es la vacunación. Si se cumple el esquema de vacunación en los niños a los tiempos estipulados por las autoridades, no debería haber circulación de la enfermedad.

Sin embargo, en los últimos tiempos han surgido varias corrientes “naturistas” o los denominados “anti-vacunas” que están en contra de la vacunación. La desinformación y la desconfianza lleva a esta gente a no vacunar a sus hijos, exponiendolos a múltiples patógenos.

Pero el peor problema que esto genera es para los demás niños recien nacidos. Si todos estuvieramos vacunados, la enfermedad no circularía entre las poblaciones. Y de esa manera, los niños que no pueden ser vacunados estarían protegidos.

(Tal vez le interese: 6 Alimentos poco saludables que debería dejar de consumir)

El efecto rebaño

Existe un concepto en inmunología llamado “efecto rebaño”. También se lo puede llamar “inmunidad de grupo”. Es un concepto simple pero muy importante para entender. Permite comprender por qué esta enfermedad está resurgiendo, y por qué termina siendo tan grave el sarampion en los niños.

El “efecto rebaño” es la protección que ofrece un grupo de la población que está vacunado a aquellos individuos que no pueden ser inmunizados. Estos últimos son los denominados “grupos de riesgo” (no están desarrollados, no tienen su sistema inmune en óptimas condiciones, etc.).

Para que este efecto se de hace falta que un gran porcentaje de la población esté inmunizada contra la enfermedad. Normalmente se habla de porcentajes mayores al 95%.

En caso de que se diera un brote de la enfermedad, el contacto enfermo-grupo de riesgo es casi nulo. La enfermedad termina por controlarse sola porque no hay individuos que puedan caer enfermos.

Quienes consideran que las vacunas causan problemas y no soluciones, hoy en día no existen evidencias sólidas de ello. Sin embargo, es evidente de que los problemas causados por su negación ya comenzaron.

Y recuerde, ante cualquiera de los síntomas no dude un momento en ir al médico de confianza. Es responsabilidad de todos el proteger a los que no pueden protegerse.

Síganos y compartan en:

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*